Relatos cortos

Cuando escribía en Una lluvia de verano tenía una categoría en la que publicaba pequeños relatos que se me ocurrían de vez en cuando, como ahora dicho blog está un poco roto, y porque he decido seguir con tal categoría en este blog, voy a poner todos los ya escritos en esta página.

I

«Se sentó en el sofá agitado, el eco de su propia respiración le atormentaba. Miró sus manos. ¿Qué acababa de hacer? Se sentía sucio, sucio y malvado. No habría perdón para él. Ya no habría paraíso, junto a ella. Porque ella… Ella ya no estaba.»

II

«El silencio inundó la estancia y su mirada se perdió en el vacío de mis ojos. Cuando pudimos darnos cuenta ya todo estaba dicho, sin apenas haber abierto la boca.»

III

«Cuando aquellas palabras se desprendieron de su boca el corazón se le paró, fue un pequeño instante casi eterno en el que ella volvió a ser creada. Desde entonces no había pensamiento que no fuese de él, latido que no fuese por él ni suspiro que no fuese para él. Desde entonces su vida sólo tenía sentido gracias a él.

Sí, se había enamorado…»

IV

«Aceleró. Mientras su pelo bailaba con el viento sentía que su libertad crecía cada vez más. Volvió a acelerar. La carretera casi infinita se iba rápidamente y con ella, el dolor. Aceleró una vez más. No tenía por costumbre huir de los problemas pero, después de todo, ¿a quién le iba a importar? Sólo quería escapar, irse lejos… Un viaje hacia el olvido, de donde nunca pensaba volver.»

V

«El corazón se le encogió de agonía. Las lágrimas brotaron frescas y saladas de sus ojos. Esos ojos grises, siempre en calma y neutros, de los que, de un momento para otro, el dolor se había apoderado. Aquello más que tristeza era la angustia terrible que le causaba el saberse olvidada, como siempre soñó en las peores de sus pesadillas, pues no había a lo que le tuviese más miedo que al olvido. Porque ella, como todos los seres humanos, le temía a lo desconocido. Y ella jamás había conocido al olvido…»

VI

«Miró por la ventana. Vio las gotas caer, una a una, sintiéndolas desgarrando su piel. Notando una soledad invasora por todo su cuerpo, soledad que conquistó su alma vorazmente y que no se marcharía jamás, no si él no estaba.

Su último recuerdo seguía con vida dentro de ella, al igual que su amor. La tristeza la invadió de nuevo, como aquella tarde de Septiembre en la que, con un tierno y fugaz beso, él se despidió. En ese instante, se dio cuenta de que aún lo esperaba.

Aunque ya hacía más de treinta años de aquello.»

VII

«Y entonces entró. Era menuda y silenciosa. Parecía que tenía miedo… La chica nueva. Probablemente sea una buena persona, divertida y todo eso. Pero es rara.»

VIII

«El viento zumbaba, y él estaba inmerso en sus pensamientos. Se veía tan guapo cuando se concentraba. Observarle una y otra vez era una de sus mayores aficiones, observarle sin que se diese cuenta, y no, no se daba cuenta, ella era invisible para él.»