Odio…

…a los amigos.

Esos seres que invaden tu vida, se apropian de ella, llenan todos y cada uno de sus rincones con sus sonrisas, sus lágrimas, sus enfados, sus idiosincrasias… la llenan todita, y luego se van, se largan sin más, como si nada… y eres tú el que tiene que vaciar la estancia para que pueda volver a ser habitable, para poder volver a entrar allí, y quedarte, sin estar siempre al borde del haradsismo.

Yo creía que la amistad era de esas cosas que duraban para siempre, pero a base de golpes me he dado cuenta que no, que los «para siempre» no existen más allá de las pelis superpastelosas y ya.

Supongo que ahora tocará vivir en el más extremo nihilismo, intentando siempre ser del positivo, claro. Pero no prometo nada.